viernes, 17 de febrero de 2012

Historia de la Música


Introducción
En este ensayo intentaremos a dar un repaso a la historia de la música (y de la humanidad) centrándonos en cómo la música ha influenciado en su entorno y, naturalmente, cómo el medio socio-cultural ha influenciado en la música. Echaremos una ojeada a las músicas tribales más antiguas, a las composiciones en las primeras civilizaciones y los grandes imperios, la música sacra de la Edad Media, la etapa clásica en el Renacimiento y Edad Moderna, su evolución y perfeccionamiento en la Edad contemporánea hasta llegar al siglo XX y la situación musical actual.
¿Qué es música?
Desde un punto de vista antropológico, el fenómeno artístico en general pertenece al aspecto superestructural de una comunidad de individuos, es decir, es un elemento asociado a la conducta, el pensamiento, las emociones e incluso la espiritualidad de las personas. Además, la creación musical no se da en función de una necesidad básica como puede ser la de alimentarse o procrear, sino desde un plano más sutil y creativo.
También desde la antropología (Alexander Alland, 1977), el arte es definido como un juego a partir de una forma lograda a través de una transformación-representación estética. En el caso de la música, la forma sería la pieza musical que logra ser captada por los demás individuos gracias a la estética, una capacidad humana universal que da respuesta emocional a una interpretación artística.
Algunas funciones sociales de la música, el canto y la danza
Ya desde antiguo se viene teorizando sobre la naturaleza y función de la música. Para los griegos, la música era el arte (téchne) de las musas (mousike). Un arte capaz de motivar al auditorio-y al propio músico-a través de la organización sensible y lógica de sonidos y silencios bajo los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo.
La música es un activo vital, un producto cultural con un fin concreto: generar una experiencia emocional o sensible en el oyente. Por lo tanto, además de experiencia, esta forma de arte es una vía de comunicación no verbal capaz de expresar y provocar sentimientos o ideas. Así, las habilidades de un músico buscan la percepción sensorial de los oyentes; es decir, el artista necesita un auditorio para que comience la comunicación. Si esta percepción o reconocimiento no existiera, la música quedaría sólo para el creador de las piezas musicales que, difícilmente, podría discernir su calidad y capacidad para provocar emociones o suscitar ideas. Por lo tanto, desde la antigüedad, el artista ha sobrevivido gracias al auditorio en una relación recíproca y enriquecedora para ambos. Es por esto, que la música está íntimamente relacionada con la sociedad en la que "vive", siendo difícil-en principio- para un habitante europeo de la edad de piedra comprender una pieza de Mozart o Vivaldi; decimos en principio, porque también existe el modelo educativo dentro de arte y cualquier persona plena de facultades tiene la posibilidad de poder llegar a apreciar y disfrutar de un determinado estilo de música.
Música en la prehistoria
La naturaleza supuso la principal fuente de inspiración para el humano primitivo: la música como una imitatio natura. Las primeras producciones musicales del hombre formaban parte de los rituales donde el movimiento, el sonido y el fuego simbolizaban la vida, mientras que el silencio, la quietud y la oscuridad eran ejemplos de la muerte. Estos rituales podían consistir en una danza hasta la extenuación alrededor del fuego interpretando a los seres del mundo animal en ritos de caza o guerra, o en una exteriorización de los sentimientos emulando a estos animales para bendecir o maldecir sus espíritus.
En cuanto a los instrumentos utilizados, la elaboración musical contaba con rudimentarios objetos con los que enriquecer los rituales musicales. Estos elementos solían ser de percusión tales como huesos, conchas, troncos y cañas de madera (instrumentos autófonos). Aunque el hombre primitivo, de forma paulatina, también desarrolló instrumentos más complejos como la flauta (instrumento aerófobo), creada con un hueso y agujeros, o tambores hechos con membranas tirantes (instrumentos membranófonos).
En relación al aspecto creativo, la producción y organización de sonidos por parte del hombre pre-histórico obedecían más a la exteriorización emocional y el rito, sin que hubiera una excesiva preocupación por la cuestión rítmica, melódica o armónica de la música. Para los humanos prehistóricos el sonido y la música creada con sus rudimentarios instrumentos acompañaba y proveía de fuerza al ritual. No se buscaba convertirlos en elementos pedagógicos dentro de la tribu o el clan aunque sí, unos sonidos u otros, podían identificarse con un rito u otro y provocar diversas emociones.
Con el paso de los milenios, el hombre primitivo fue evolucionando en muchos aspectos, sobre todo en el tecnológico. A su vez, las representaciones rituales y los sonidos que las acompañaban tendieron a hacerse más complejas y la creación de nuevos instrumentos musicales -como el arpa en los siglos de la emergencia de las primeras grandes civilizaciones (3000. a .C.)- convirtieron a la música en algo más que un símbolo del ritual; en una forma de ocio.
Música en la Edad Antigua
Pasada la protohistoria de las primeras pequeñas ciudades en Mesopotamia, llegamos al inicio de la Edad Antigua y de la historia de la humanidad. La cultura mesopotámica (sumerios, acadios, asirios, babilonios, etc.) da inicio a una historia de la música fundamentada en una serie de reglas de composición e instrumentos tecnológicamente similares a los actuales.
En las ciudades de Ur y Kisch, según los hallazgos arqueológicos, se conoce la existencia de instrumentos musicales tales como la lira, flauta, panderetas, tambores, cascabeles y el arpa (el más apreciado de la época). A estos hallazgos, se unen pinturas de esta misma época donde se dan escenas de personas tocando música. Es en Mesopotamia dónde comienza una verdadera historia de la música y un desarrollo de ésta.
Los sumerios, la primera gran civilización organizada en la zona de los ríos Tigris y Eúfrates, desarrollaron los primeros himnos de carácter ritual que representaban en sus celebraciones religiosas. Estas primeras piezas musicales se consolidaron en la cultura sumeria y fueron heredadas por las siguientes culturas emergentes (acadios, asirios, amorreos, babilonios, etc.). De todas estas civilizaciones antiguas, tal vez los babilonios lograron el mayor desarrollo estético, aportando y enriqueciendo lo ya desarrollado por los pueblos anteriores.
Avanzando en el tiempo-milenio II a.C.-, fueron los asirios quienes adaptan las composiciones musicales del ritual a lo palaciego, dando una nueva dimensión pagana a la música. Así, la ésta pasó a convertirse en un elemento festivo y de ocio y no sólo algo relativo al ritual funerario y religioso. Esta nueva utilización de la música provocaría un aumento de la creatividad y de los aportes musicales y colocaría la composición artística en manos de lo popular.
Durante el milenio I, la música (y los instrumentos musicales) se habían extendido por todos los lugares habitados y los instrumentos de los que hemos hablado también. Aun así, y aunque la música había dejado de ser un mero instrumento de lo ritual para convertirse en algo popular y profano, no se encuentra todavía ningún rastro de una teoría sobre la función de la música en el alma humana. Está claro que sus efectos siempre han existido, pero no es hasta la impronta de los filósofos griegos-sobre todo Aristóteles-, cuando se realiza un estudio teórico sobre qué es la música y sus efectos sobre el ser humano.
Los primeros estudios sobre la música que se conocen corresponden al filósofo de Samos, Pitágoras, que pasó gran parte de su vida intentando explicar las distintas notas musicales a través de los números. Para el griego, todo tenía su fundamento en los números (los números eran el arje, la esencia primera de cualquier cosa) y en la armonía. Para él, los siete planetas conocidos (Mercurio, Venus, La Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y el Sol), en su movimiento orbital emitían notas musicales que calificó de armonía de las esferas, armonías que el ser humano no podía escuchar por estar acostumbrado a ellas desde nuestro nacimiento.
El Cosmos, como Pitágoras definió al todo, tenía dos características esenciales: la armonía como el orden más supremo y el número, como lenguaje universal para explicarlo todo. Esta idea también se aplicaba a los hombres, y en relación a la armonía y a la música, Pitágoras creía en una aplicación curativa y medicinal de la música la cual ejercía grandes efectos positivos en el alma humana. Así, la música se convertía en la herramienta principal para encontrar la armonía espiritual. No es de extrañar que en la escuela pitagórica la enseñanza de la música tuviera una gran importancia.
Un siglo después fue Platón, en uno de sus diálogos, quien teorizó sobre la lírica de su tiempo. En su diálogo "Ión", Platón, con la voz de Sócrates explica a su interlocutor, Ión, cuál es el origen de la inspiración y composición líricas de los poetas:
"Con esto, me parece a mí, que la divinidad nos muestra claramente, para que no vacilemos más, que todos estos hermosos poemas no son de factura humana ni hechos por los hombres, sino divinos y creados por los dioses, y que los poetas no son otra cosa que intérpretes de los dioses, poseídos cada uno por aquél que los domine. Para mostrar esto, el dios, a propósito, cantó, sirviéndose de un poeta insignificante, el más hermoso poema lírico ¿No te parece, Ion, que estoy en lo cierto? " (2)
Encontramos en Platón una argumentación un tanto mítica-pese a pertenecer al tramo del paso del mito al logos griego-. Esta reflexión, en el mismo diálogo, viene precedida de otra explicación que niega que los poetas y artistas en general produzcan sus obras en base a unas técnicas o metodología de trabajo, sino que "los poetas líricos hacen sus bellas composiciones no cuando está serenos, sino cuando penetran en las regiones de la armonía y el ritmo poseídos por Baco" . En cualquier caso, aunque echemos de menos una reflexión más objetiva del gran filósofo griego, cabe destacar la importancia del arte en el alma humana, algo sobre lo que teorizará de forma más concreta y si se quiere, más científica, el discípulo de Platón, Aristóteles.
En Ética a Nicómaco, Aristóteles, afirma en el Capítulo III (Del arte) del Libro Sexto, que cualquier producción artística viene auxiliada por una verdadera razón: "El arte es, por consiguiente, cierta facultad de producir dirigida por la razón verdadera." (3)
Pero es en su Política, en el capítulo V, del Libro V, donde el filósofo griego elabora su estudio teórico sobre la música preguntándose (y preguntándonos) si la música debe estar incluida en la educación o, por inservible a ésta, debe ser excluida. También, y siguiendo la tradición de los filósofos anteriores, se pregunta por la naturaleza de la música. De forma retórica, se cuestiona si deberíamos considerar a la música como un juego, una ciencia o un simple pasatiempo. Puestas las principales preguntas sobre la mesa, Aristóteles, como es su costumbre, pasa a argumentar sobre posibles respuestas, sin llegar a ellas de forma rápida y concisa.
En su recorrido reflexivo sobre los elementos que atañen a la música y el verdadero significado de esta, comienza el de Estagira relacionando la música con el placer y el entretenimiento, pues es bien visible que aquel que pasa penalidades encuentra en el canto y la música sensaciones agradables que calman su angustia. Sin embargo, Aristóteles se pregunta (y de nuevo nos pregunta) si el hecho de que la música sea un mero entretenimiento no la convierte en algo secundario en nuestras vidas, opción que se niega a asumir.
Para el griego la música tiene efectos reales en nuestro estado anímico, alcanzando incluso a nuestra misma moral, ya que, como Aristóteles observa, la virtud se fundamenta en la recta razón que observa y pone el acento en nuestras emociones más nobles y sanas, y estas emociones, como dijimos antes, pueden estar motivadas por el embrujo y el entusiasmo que la música y el canto producen en nosotros. Por lo tanto, la recta razón debe, de alguna manera, agradecer a la música el apoyo prestado por conseguir que nuestro estado anímico, entusiasmado, se centre en las sensaciones agradables y en las cosas buenas.
En cuanto al filósofo griego, y esta es la reflexión fundamental de su ensayo, concluye que la música debe ser incluida en la educación de los jóvenes, reconociendo su importancia en la formación cultural de una persona.
"Es por lo tanto imposible, vistos todos estos hechos, no reconocer el poder moral de la música; y puesto que este poder es muy verdadero, es absolutamente necesario hacer que la música forme parte de la educación de los jóvenes." (1)
Estas reflexiones pueden parecernos obvias al día de hoy, pero tuvieron su importancia y novedad en el siglo IV, a.C. cuando Aristóteles las planteó. El aspecto fundamental de las reflexiones del filósofo griego es que la música, como arte se convierte en algo más que un modo de entretenimiento, constituye un elemento pedagógico en la educación de las personas.
Hemos hablado de la música y de sus efectos en el receptor, pero no debemos olvidar al emisor de esa música. Si la persona que escucha el canto o la música experimenta unas sensaciones u otras, el individuo que crea esa música debe partir de unas sensaciones para imitarlas y traducirlas en armonías y provocar esas mismas sensaciones en el receptor. El éxito y la calidad del músico estarán justificadas si las sensaciones iniciales de éste y las que devendrán en el receptor, una vez escuchadas las piezas, son semejantes.

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